El recorrido de Argentina hasta la final del Mundial 2026 tuvo un respaldo estadístico que excede el segundo puesto. El informe comparativo de la FIFA sobre las seis selecciones sudamericanas situó a la Albiceleste como el representante de Conmebol mejor clasificado y el único que disputó los ocho partidos posibles. La derrota 1-0 ante España en la definición cerró una campaña que volvió a llevar al equipo de Lionel Scaloni hasta el último día del torneo.
La diferencia más visible apareció en el ataque. Argentina convirtió un promedio de 2,4 goles por partido, por encima de Brasil, con 2, y a considerable distancia de Colombia y Uruguay, ambos con 1. Ecuador quedó en 0,5 y Paraguay en 0,6. Esa producción ofensiva permitió a la Selección liderar el rubro aun sin dominar la cantidad de remates: sus 14,4 intentos por encuentro la dejaron cuarta entre los sudamericanos.
La posesión también tuvo una traducción concreta. La Albiceleste completó 656 pases por partido, casi cien más que Colombia, segunda con 557,8, y por encima de Brasil, que registró 548,4. El dato retrata una identidad basada en sostener la pelota y encadenar jugadas, aunque no implica que Argentina haya encabezado todas las variables ofensivas: Uruguay lideró en centros y tiros de esquina, mientras Colombia fue primera en remates.
El balance exhibe además un costo defensivo y disciplinario. Argentina cometió 14,1 faltas por partido, el promedio más alto de las seis selecciones, y recibió dos tarjetas amarillas por encuentro. Brasil presentó los registros más bajos en ambos apartados, con 10,2 infracciones y 1,6 amonestaciones. En tiros libres ejecutados, el equipo de Scaloni quedó segundo con 14,3, apenas detrás de los 15 de Colombia.
La clasificación final terminó de marcar la distancia regional. Detrás del segundo puesto argentino se ubicaron Colombia en el décimo lugar, Brasil en el undécimo, Paraguay en el decimosexto, Ecuador en el vigesimoquinto y Uruguay en el trigésimo séptimo. Ninguno de ellos superó los cinco partidos, mientras Argentina enlazó ocho encuentros y alcanzó su segunda final mundialista consecutiva.
Los números no reemplazan la lectura de los partidos ni borran la caída ante España, pero ayudan a precisar la dimensión de la campaña. Argentina combinó continuidad competitiva, eficacia goleadora y el volumen de pases más alto del bloque sudamericano. El próximo ciclo partirá de esa base y deberá corregir la frecuencia de faltas y transformar el control de la pelota en una nueva oportunidad de título.