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Una infracción terminó con la muleta de Berti rota en el triunfo de Independiente Rivadavia

Rodrigo Insúa derribó a Tomás Bottari junto al banco visitante y el volante chocó contra Alfredo Berti, cuya muleta quedó doblada. El entrenador no sufrió lesiones y su equipo ganó 1-0.

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El triunfo 1-0 de Independiente Rivadavia sobre Barracas Central dejó una imagen tan insólita como reveladora de la intensidad del partido. A los 35 minutos del segundo tiempo, una disputa junto a la línea lateral terminó con Tomás Bottari chocando contra Alfredo Berti y doblando una de las muletas del entrenador visitante. El episodio no provocó una lesión, pero obligó al técnico a dirigir el tramo final sostenido por un solo apoyo.

La acción comenzó cuando Rodrigo Insúa fue con vehemencia a disputar una pelota con Bottari, a la altura del banco mendocino en el estadio Claudio Fabián Tapia. La infracción derribó al volante de Independiente Rivadavia y el impulso lo llevó fuera del campo, directamente hacia su entrenador. El árbitro amonestó al defensor de Barracas por la dureza de la entrada. En la caída, Bottari golpeó la muleta y la estructura quedó inutilizada.

Berti, de 54 años, utilizaba una bota ortopédica en la pierna derecha y dos muletas por una fractura en la zona del peroné sufrida durante un entrenamiento del plantel. Por esa razón, el impacto generó preocupación inmediata en el banco visitante. Sin embargo, el entrenador no cayó por completo, no recibió un golpe que agravara su cuadro y pudo mantenerse al costado del campo. La consecuencia material fue la rotura del apoyo, no una nueva lesión.

Lejos de abandonar su lugar, el técnico continuó dando indicaciones hasta el final con una sola muleta. La escena añadió tensión a una noche en la que su equipo debía defender una ventaja mínima y valiosa. El foco deportivo siguió estando dentro del campo: Independiente Rivadavia resistió los intentos de Barracas, administró el resultado y cerró un triunfo que tenía efectos importantes tanto en la tabla anual como en la Zona B del Clausura.

José Florentín había marcado el único gol en el comienzo del encuentro. Esa diferencia temprana obligó al local a perseguir el empate y permitió a la visita jugar con la ventaja, aunque sin relajarse. El episodio entre Insúa, Bottari y Berti apareció en el tramo final, cuando la necesidad elevaba la fricción de cada pelota. La tarjeta amarilla sancionó la infracción, y el partido pudo continuar sin que el accidente lateral alterara el marcador.

Los tres puntos dejaron a Independiente Rivadavia como único líder de la tabla anual con 51 unidades. En el Torneo Clausura, el conjunto mendocino subió al tercer puesto de la Zona B con 17. Más allá de la curiosidad de la muleta rota, ese movimiento explica la satisfacción con la que Berti abandonó la cancha: su equipo sostuvo un resultado fuera de casa, fortaleció su posición acumulada y se acomodó entre los protagonistas de su grupo.

La secuencia fue llamativa, pero conviene mantener su verdadera dimensión. No hubo una agresión contra el entrenador ni consecuencias físicas nuevas, sino una infracción de juego que proyectó accidentalmente a Bottari hacia el banco. La imagen de Berti dirigiendo con una sola muleta terminó funcionando como símbolo involuntario de la noche: Independiente Rivadavia soportó un partido áspero, protegió la ventaja de Florentín y salió de Barracas con un triunfo que pesa mucho más que la anécdota.

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